Cardiólogos abogan por hacer un electro a todos los bebés

La muerte súbita del lactante, uno de los síndromes que más inquietan a los pediatras y a los padres de recién nacidos de todo el mundo por su inesperada y fatal irrupción, podría emitir signos de aviso cardiaco
desde los primeros días de la vida, unas señales susceptibles de ser detectadas con un electrocardiograma (ECG). Así lo sugieren las conclusiones de un estudio desarrollado en el Hospital del Mar, de Barcelona, que propone la conveniencia de aplicar un ECG a todos los recién nacidos.
No es la primera vez que un grupo de científicos emite esta sugerencia, sujeta a controversia entre las sociedades de cardiología de la mayoría de países occidentales. En Italia ya es obligatorio aplicar la prueba cardiaca a todos los bebés.
Hacer un ECG no implica un coste económico importante –la prueba cuesta menos de 10 euros si la realiza el hospital– pero sí es imprescindible que sea interpretada por un cardiólogo experto en ritmo cardiaco, y este es el aspecto que suele frenar la incorporación sistemática del test en las unidades de pediatría.
El estudio realizado en el Hospital del Mar, el mayor de estas características hecho en España, analizó a los 1.305 niños que nacieron durante el 2006. Los bebés pertenecían a 11 etnias distintas, un factor que fue significativo en el resultado, ya que no todos los grupos raciales han demostrado tener el mismo riesgo de sufrir muerte súbita, de niño o de adultos.
El primer ECG se aplicó a los bebés en las primeras 48 horas de vida, y el patrón a observar fueron los intervalos rítmicos que marca la frecuencia del corazón al latir. Cuando esos intervalos superan el lapso considerado normal –una medida que los cardiólogos del hospital barcelonés fijaron en porciones de 470 milisegundos– existe el riesgo de que el bebé sufra arritmias cardiacas y, eventualmente, muerte súbita.
En 59 bebés, un 4,5% del total, se observaron intervalos de frecuencia cardiaca demasiado largos, lo que se consideró o un riesgo de sufrir la mencionada alteración, o una consecuencia de la insuficiente maduración del músculo del corazón del bebé. Para salir de dudas, los niños bajo sospecha recibieron un segundo ECG al mes de vida, y la cifra de corazones fuera de norma pasó a ser de dos. “En esos dos casos se consideró que los bebés habían mostrado un ECG realmente patológico”, explicó ayer el doctor Julio Martí-Almor, cardiólogo del Mar y coordinador del estudio.
La cifra de fallos en el ritmo cardiaco detectada en el grupo de bebés analizado equivale a la observada en otros estudios similares, pero la investigación del Mar aportó otros datos no conocidos, gracias a la abundante variedad de personas de etnia distinta que atiende el hospital. Se observó que los niños de origen indopaquistaní y magrebí son los que tuvieron unos intervalos de frecuencia cardiaca más largos, es decir, con mayor riesgo de sufrir un síndrome de muerte súbita.
“Consideramos que lo ideal y conveniente sería hacer un ECG a todos los recién nacidos o, como mínimo, a los que tienen antecedentes familiares de arritmias y a los procedentes de las etnias que tienen una frecuencia de ritmo cardiaco más larga”, añadió Martí. “También es cierto que detectar el riesgo de muerte súbita puede suponer una angustia para las familias, sin que en muchos casos se pueda hacer nada más que controlar a esos niños”, indicó el cardiólogo.
Fuente: noticias24
Did you enjoy this post? Why not leave a comment below and continue the conversation, or subscribe to my feed and get articles like this delivered automatically to your feed reader.


Comments
Aún no hay comentarios.
Deje un comentario